


En un mundo lleno de fotos con poses perfectas, cada vez valoramos más las imágenes que se sienten reales. Esas en las que la risa no está ensayada, la mirada no esta forzada y el gesto nace solo. Pero conseguir estas fotografías no es cuestión de suerte, se tarta de crear el ambiente adecuado.
Lo primero es hacer que la pareja o persona se encuentre cómoda. Cuando alguien se siente observado, se tensa; sin embargo cuando se siente acompañado, se relaja. Por eso la cámara no debe ser una barrera, sino una excusa para conectar. Habla con ellos, pregúntales cosas, hazles moverse, caminar, jugar… cualquier acción natural genera momentos auténticos.
Otro consejo es anticiparse. Observa cómo interactúan, qué gestos repiten, cómo se miran cuando creen que nadie los ve. Esos segundos previos a una risa o un abrazo suelen ser mas bonitos que el gesto final.
Y por último, no tengas miedo de disparar muchas fotos. La naturalidad no siempre aparece en la primera foto, pero si en la número 7, 12 o 23. La clave está en estar presente, mirar mas allá de la pose y en dejar que las cosas fluyan. Cuando lo haces, las fotos dejan de ser simples fotos y se convierten en recuerdos.

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